Las
operaciones encubiertas de las fuerzas especiales ya suman
intervenciones en 150 países entre 2011 y 2014 solamente y su
presupuesto aumentando al doble… SOCOM como
así les llaman también están a cargo de los asesinatos a distancia con
Drones.
Después
de los atentados de 2001, los dólares para operaciones encubierta de la
CIA y otras agencias subió sin control alguno, todo por mantener a
salvo a Estados Unidos
y cuidar el “American Way of Life”
El
aparato llego a crecer sin control e incluso ya invadiendo la
privacidad no solo de los ciudadanos del Imperio sino también los del
Mundo, y ahora también los medios
ocultan cuantos muertos toman proteger esa seguridad con las famosas
fuerzas especiales y a veces esa gente es alabada como héroes a pesar de
los sucio de ese trabajo, tal caso como la película Sniper
Además
dejar el monstruo que es ese ejercito especial, que se puede decir que
son matones personales que Obama o el presidente en turno manda a su
voluntad…
Les dejo este artículo de Nick Turse y su trabajo en esta materia de tiempo atrás..
* * *
En 2015, ya se han realizado operaciones especiales en 105 países
Al
final de la noche subieron al avión V-22 de despegue vertical. Después
de poner pie a tierra en una región remota de uno de los países más
volátiles del mundo, asaltaron
una aldea y pronto se vieron envueltos en un letal tiroteo. Era la
segunda vez en dos semanas que ese grupo de elite de SEAL de la marina
de Estados Unidos trataba de rescatar al fotógrafo y periodista
estadounidense Luke Somers. Y la segunda vez que fallaban.
El 6
de diciembre de 2014, un grupo de unos 36 comandos de EEUU fuertemente
armados, operando con información obtenida por satélite, drones y
dispositivos de escucha de
última generación, equipados con gafas de visión nocturna y respaldadas
por tropas especiales de Yemen, se enfrentaron a tiros con una media
docena de militantes de al-Qaeda en la Península Arábiga. Cuando todo
acabó, Somers estaba muerto, lo mismo que Pierre
Korkie, un maestro surafricano al que planeaban dejar en libertad al
día siguiente.
Según informaciones locales, los comandos también mataron a ocho civiles. La mayor parte de los militantes huyeron.
Estos
sangrientos episodios fueron, dependiendo de vuestro punto de vista, un
final de año de ignominia para unas fuerzas de operaciones especiales de
EEUU desplegada
a niveles cercanos al récord o un comienzo de año poco auspicioso, un
nuevo año que ya está en camino de alcanzar marcas similares, o incluso
superarlas.
Durante
al año fiscal que terminó el 30 de septiembre de 2014, las fuerzas de
operaciones especiales (SOF, por sus siglas en inglés) se desplegaron en
133 países –más
o menos el 70 por ciento de las naciones del mundo–, según el teniente
coronel Robert Bockholt, oficial de asuntos públicos del Comando de
Operaciones Espaciales de Estados Unidos (SOCOM, por sus siglas en
inglés). Esto remató un periodo en el que las fuerzas
más selectas del país estuvieron activas en más de 150 países del orbe,
realizando misiones que iban desde la muerte o captura en asaltos
nocturnos a ejercicios de adiestramiento. 2015 puede ser un año en el
que se rompan récords.
Apenas un día después del fallido asalto que acabó con la vida de
Luke Somers –cuando habían pasado solo 66 días del año fiscal 2015–
las fuerzas más selectas de EEUU habían pisado el suelo de 105 países, aproximadamente un 80 por ciento del total de 2014.
A
pesar de esta escala y este ámbito tan vastos, esta guerra secreta que
se combate en casi todo el planeta es desconocida para la mayoría de los
estadounidenses. A diferencia
del desastre de diciembre en Yemen, la gran mayoría de las operaciones
especiales permanecen completamente en la sombra, ocultas a toda
supervisión externa o al escrutinio de los medios.
De hecho, aparte de la escasa
información revelada por la muy selectiva cobertura de los medios
militares, las filtraciones oficiales de la Casa Blanca, el propio SEAL
cuando quiere vender algo y unos pocos periodistas cuidadosamente
escogidos que informan
sobre temas escogidos con sumo e igual cuidado, la mayor parte de lo
que hacen estos grupos especiales nunca se somete a un examen
importante,
lo que no hace más que aumentar las posibilidades de repercusiones imprevistas y consecuencias catastróficas.
La edad dorada
“El
Comando está en su absoluto apogeo. Ciertamente, esta es la edad dorada
de las operaciones especiales.” Estas palabras las dijo el general
Joseph Votell III, graduado
en West Point y “ranger” del ejército, en el momento de asumir la
jefatura del SOCOM el pasado agosto.
Su
retórica quizá fuera de alto vuelo, pero de ningún modo hiperbólica.
Desde el 11 de septiembre de 2001, las fuerzas de operaciones especiales
de Estados Unidos han
crecido en todos los aspectos concebibles, incluso el número de
integrantes, su presupuesto, su peso en Washington y su lugar en el
imaginario de la población del país. Por ejemplo,
SOCOM ha más que duplicado su
personal, desde los aproximadamente 33.000 en 2001 a los cerca de 70.000
de hoy en día, incluyendo un salto de unos 8.000 hombres durante los
tres años de la titularidad del recientemente retirado jefe de SOCOM, el
almirante
William McRaven.
Estos
números, impresionantes como son, no dan una idea cabal de la
naturaleza de la expansión y crecimiento del alcance mundial de las
fuerzas más selectas de Estados
Unidos en estos años. Para esto, lo más apropiado es un resumen de la
estructura de SOCOM y su siempre creciente comando de operaciones
especiales.
La
parte del león de las tropas que forman SOCOM son los Rangers, los
Boinas Rojas y otros soldados del ejército, seguidos de los comandos de
la Fuerza Aérea, los SEAL,
las tripulaciones de combate de embarcaciones navales especiales de la
Marina, lo mismo que un
contingente más pequeño de infantes de marina (marines). Pero solo es
posible tener
una noción de la capacidad expansiva del comando cuando se considera el
alcance completo de los “comandos sub-unificados” en que están
divididas esas tropas de operaciones especiales:
el nombre de SOCAFRICA se explica por sí mismo; SOCEUR, el
contingente de ámbito europeo; SOCKOR, dedicado exclusivamente a Corea;
SOCPAC, que cubre el resto de la región asiática y el Pacífico:
SOCSOUTH, que realiza misiones en Centroamérica, Suramérica
y el Caribe; SOCCENT, el comando sub-unificado del CENTCOM (comando
central de EEUU en Oriente Medio); SOCNORTH, que está dedicado a la
“defensa interior”; y JSOC, el trotamundos comando de operaciones
especiales conjuntas: un sub-comando encubierto
(encabezado antes por McRaven y después por Votel) compuesto por
personal proveniente de cada rama de las fuerzas armadas, incluyendo
SEAL, soldados especiales tácticos de la Fuerza Aérea y otros de la
fuerza Delta, del Ejército, especializados en el rastreo
y asesinato de sospechosos de ser terroristas.
Sin
embargo, tampoco penséis que ya lo sabéis todo. Como resultado del
impulso dado por McRaven para la creación de “una red global de fuerzas
de operaciones especiales
de aliados y socios a agencias con ideas afines”, oficiales de enlace
de operaciones especiales (SOLO, por sus siglas en inglés), están hoy “incrustados” en 14 embajadas clave de Estados Unidos para asesorar las fuerzas especiales de varios países aliados.
Si bien ya están trabajando en Australia, Brasil, Canadá, Colombia,
El Salvador, Francia, Israel, Italia, Jordania, Kenya, Polonia, Perú,
Turquía y Reino Unido, el programa SOLO está preparado, según Votel,
para llegar a 20 países hacia 2019. SOCOM,
y sobre todo JSOC, también han establecido estrechos vínculos con la CIA, el FBI y la NSA, entre otras agencias.
Operaciones en la sombra
El
ámbito global del comando de operaciones especiales se extiende aún más
gracias a unidades más pequeñas que operan en la sombra desde bases en
Estados Unidos para ser
enviadas a zonas remotas del sudeste asiático, puestos de avanzada en
Oriente Medio o sencillos campos en África. Desde 2002, SOCM está
autorizado a crear sus propias fuerzas de tareas conjuntas, una
prerrogativa normalmente reservada a comandos de combate
como CENTCOM. Por ejemplo, la fuerza de tareas conjunta para
operaciones especiales Filipinas (JSOTF-P), que, en su momento de máximo
esplendor, tuvo una plantilla de unos 600 estadounidenses para ayudar
en operaciones de contrainsurgencia de sus aliados filipinos
contra grupos sediciosos como Abu Sayyaf. Después de más de una década
combatiendo contra ese grupo, el número de integrantes ha ido
disminuyendo, pero continúa activo, mientras que la violencia en la
región se mantiene prácticamente igual.
En
realidad, en junio de 2014 se anunció una retirada paulatina de esta
fuerza de tareas. “JSOTF-P será desactivada y la operación OEF-P
[operación libertad duradera-Filipinas]
terminará en el año fiscal 2015”, lo dijo Votel a la Comisión de la
Fuerzas Armadas del Senado un mes después. “Un contingente más reducido
de personal militar estadounidense que operará formando parte de un
PACOM [comando EEUU del Pacífico] continuará mejorando
la capacidad de las fuerzas especiales de Filipinas (PSF, por sus
siglas en inglés) para realizar sus propias misiones contra el
terrorismo...”. No obstante, meses más tarde, la fuerza de tareas
conjunta de operaciones especiales Filipinas continúa viva y
funcionando. “JSOTF-P sigue activa, aunque el personal asignado a ella
ha sido reducido” le dijo la portavoz del ejército Kari McEwen al
reportero Joseph Trevithick, de War is Boring.
Otra
unidad, la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Bragg,
durante años permaneció en las sombras antes de su primera mención
oficial realizada por el
Pentágono al principio de 2014. Su misión, según Bockholt, de SOCOM,
es “adiestrar y equipar los servicios estadounidenses miembros que se
preparan para un despliegue en Afganistán para ayudar a la fuerza de
tareas conjunta para operaciones especiales
Afganistán”. Esta última
fuerza, a su vez, dedicó más una década realizando operaciones
encubiertas o “negras” para “impedir actividades que amenazaban la
autoridad y soberanía” del gobierno afgano. Esto implicaba asaltos nocturnos y misiones de captura
y/o asesinato –frecuentemente concertadas con las fuerzas afganas– que condujeron a la muerte de un número indeterminado de combatientes y civiles.
En 2013, para responder a la indignación popular contra los asaltos, el presidente afgano Hamid Karsai los prohibió.
En
2014, las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales pasaron a
desempeñar tareas de apoyo, permitiendo así que unidades de elite
afganas se hicieran cargo de
las misiones. “Estamos tratando de que ellos se ocupen del
espectáculo”, le dijo el coronel Patrick Robertson, de la fuerza de
tareas Afganistán, a USA Today. Pero según LaDonna Davis, un portavoz
que acompaña a esa fuerza, integrantes estadounidenses todavía
estaban realizando especiales el año pasado. La fuerza se niega a
informar sobre cuántas misiones fueron comandadas por oficiales
estadounidenses como tampoco en cuántas operaciones estuvieron
implicados sus comandos aunque,
según informaciones de las fuerzas afganas de operaciones especiales,
estas llevaron a cabo al menos 150 misiones por mes en 2014. “No
estoy en condiciones de referirme al número específico de operaciones
realizadas”, le dijo el mayor Loren Bymer, de
la fuerza de tareas conjunta para operaciones especiales Afganistán, a
TomDispatch. “Sin embargo, hoy día los afganos comandan el 90 por ciento
de las operaciones especiales, y nosotros continuamos adiestrando,
asesorando y ayudando a nuestros socios para
asegurar sus éxitos.”
No
vayáis a pensar que con esto se acaba el diagrama organizativo de las
fuerzas especiales: la fuerza de tareas conjunta para operaciones
especiales en Afganistán tiene
cinco grupos asesores cuya tarea consiste en “aconsejar y asesorar las
ASSF [fuerzas especiales de seguridad de Afganistán] de nuestros socios
para garantizar que las ASSF continúen la lucha contra nuestros
enemigos; las fuerzas de operaciones especiales de
EEUU deben estar dispuestas a continuar haciendo algún asesoramiento en
relación con los aspectos tácticos más allá de 2014 con unidades
escogidas en sitios escogidos”, según dijo Votel a la comisión de las
fuerzas armadas del Senado. Ciertamente, el pasado
noviembre, el sucesor de Karsai, Ashraf Ghani levantó muy discretamente
la prohibición de los asaltos nocturnos, dejando así la puerta abierta
para el regreso de los asesores estadounidenses a las operaciones
especiales en 2015.
Sin
embargo, para entonces habrá pocas tropas de operaciones especiales
disponibles para hacerse cargo de misiones tácticas. Según palabras del
ahora vicealmirante Sean
Pybus, subcomandante de SOCOM, alrededor de la mitad de los grupos SEAL
desplegados en Afganistán estaban a punto de ser retirados y enviados a
ayudar en “el giro en Asia o a trabajar en el Mediterráneo o en el
golfo de Guinea o en el Golfo Pérsico”. Aun así,
el coronel Christopher Riga, comandante del 7º grupo de fuerzas
especiales, cuyos hombres sirvieron el año pasado en la fuerza de tareas
conjunta para operaciones especiales combinadas Afganistán cerca de
Kandahar, prometió que “seguiría al pie del cañón”:
“Todavía hay mucha pelea en Afganistán, y va a continuar”, dijo en una
ceremonia de entrega de condecoraciones a finales del año pasado.
“Continuaremos matando enemigos hasta que nos ordenen que dejemos de
hacerlo.”
A
las fuerzas ya enumeradas, agregad las unidades del comando de avanzada
de operaciones especiales (SOC FWD, por sus siglas en inglés), pequeños
grupos que, según los
militares, “diseñan y coordinan operaciones especiales para cooperar
con las fuerzas de seguridad, y se implican en el apoyo de diversas
operaciones especiales en cualquier teatro de operaciones y ámbito
geográfico”. SOCOM rehusó confirmar la existencia de
grupos SOC FWD; aunque ha habido abundante evidencia oficial sobre la
cuestión, no se brinda información que dé cuenta del número de estos
grupos desplegados en el mundo. Pero aquellos que son conocidos están
empeñados en operaciones clandestinas de tipo violento,
entre ellos, SOC FWD Pakistán, SOC FWD Yemen y SOC FWD Líbano, como
también SOC FWD África oriental, SOC FWD África central y SOC FWD África
occidental.
De
hecho, África se ha convertido en el principal escenario de acciones
clandestinas de las unidades especiales de Estados Unidos. “Este unidad
en particular ha hecho
cosas admirables. Ya fuera en Europa o en África, se ha hecho cargo de
una variedad de situaciones; todos habéis contribuido muy
significativamente”, dijo el comandante de SOCOM, general Votel, a los
integrantes del 352º grupo de operaciones especiales en
su base en Inglaterra el pasado otoño.
Los
comandos aéreos raramente están solos en sus hazañas en África. En los
últimos años, por ejemplo, los SEAL realizaron una exitosa misión de
rescate de rehenes en Somalia
y una incursión de secuestro allí que salió mal. En Libia, los comandos
de la fuerza Delta tuvieron éxito en la captura de un militante de
al-Qaeda en un asalto ejecutado temprano por la mañana, mientras los
SEAL requisaron un petrolero que transportaba crudo
desde Libia y el débil gobierno respaldado por Estados Unidos tenía por
robado. Además, los SEAL se encargaron de una misión de evacuación en
Sudán del Sur; la misión fracasó debido a que los integrantes del grupo
resultaron heridos cuando el avión que los
transportaba fue alcanzado por fuego de fusilería. Mientras tanto, una
fuerza especial de respuesta rápida conocida como unidad especial 10 de
guerra naval (NSWU-10, por sus siglas en inglés) llevó a cabo misiones
en “países estratégicos”, como Uganda, Somalia
y Nigeria.
Una
misión clandestina de adiestramiento de las fuerzas de operaciones
especiales en Libia acabó en fracaso cuando una milicia o “grupo
terrorista” asaltó dos veces
su campo, que estaba custodiado por soldados libios, y se apropió de
equipos estadounidenses de última generación y cientos de armas
–incluyendo pistolas Glock y rifles M4–, como también dispositivos para
visión nocturna y de rayos láser que solo pueden ser
visto con un dispositivo como el mencionado antes. Como resultado de
esto, la misión fue suspendida y el campo fue abandonado. La información
dice que la milicia se ha apoderado del lugar.
En
febrero del año pasado, tropas de elite se trasladaron a Nigeria para
participar en una instrucción militar de tres semanas que forman parte
de Flintlock 2014, un ejercicio
de operaciones especiales contra el terrorismo de periodicidad anual
que reúne las fuerzas del país anfitrión con las de Canadá, Chad,
Francia, Mauritania, Holanda, Nigeria Senegal, Reino Unido y Burkina
Faso. Varios meses después, un oficial de Burkina Faso,
que en 2012 había recibido entrenamiento contraterrorista en EEUU con
los auspicios de la universidad de operaciones especiales conjuntas de
SOCOM se hizo con el poder mediante un golpe militar. Sin embargo, las
fuerzas de operaciones especiales en Burkina
Faso permanecieron impertérritas. A finales del año pasado, por
ejemplo, auspiciados por SOC FWD África occidental, miembros de 5º
batallón del 19º grupo de fuerzas especiales, junto con tropas de elite
marroquíes, se adiestraron en una base en las afueras
de Marrakech.
Un mundo de oportunidades
No obstante, los despliegues en países africanos no eran más que una parte del rápido crecimiento del
comando de operaciones especiales en ultramar. Al final de la
presidencia de Bush, cuando el almirante Eric Olson era el jefe de
SOCOM, las fuerzas de operaciones especiales estaban desplegadas en unos
60 países de todo el mundo. Para 2010, ese número
había llegado a 75, según Karen DeYoung y Greg Jaffe, periodistas del
Washington Post.
En 2011, el coronel Tim Nye, portavoz de SOCOM le dijo a TomDispatch
que el total llegaría a 120 hacia el final de ese año. En 2013, con el
almirante McRaven al mando de SOCOM, el entonces mayor Robert Bockholt
le dijo a TomDispatch que ese número había
saltado a 134. Bajo el comando de McRaven y Votel en 2014, según
palabras de Bockholt, el total casi no varió: 133. Sin embargo, el
secretario de defensa saliente Chuck Hagel anotó que bajo el comando de
McRaven –desde agosto de 2011 hasta agosto de 2014–
las fuerzas de operaciones especiales operaban en más 150 países. “De
hecho, SOCOM y la totalidad de las fuerzas armadas de Estados Unidos
están más comprometidos que nunca en el ámbito internacional; en más
sitios y con una variedad mayor de misiones”, dijo
en un discurso en agosto de 2014.
No
estaba bromeando. Pasados solo dos meses del año fiscal 2015, el número
de países donde se han realizado operaciones especiales ya llegaba a
105, según Bockholt.
SOCOM
se negó a hacer comentarios tanto sobre la naturaleza de sus misiones
como acerca de los beneficios de actuar en tantos países. El comando ni
siquiera ha dado el
nombre de un solo país en el que hayan intervenido fuerzas de
operaciones especiales estadounidenses en los últimos tres años. No
obstante, un vistazo sobre algunas de las operaciones, ejercicios y
otras actividades que han salido a la luz pinta un cuadro
de un comando trotamundos en constante movimiento con alianzas en todos
los rincones de la Tierra.
Por
ejemplo, en enero y febrero [de 2014], integrantes del 7º grupo de las
fuerzas de operaciones especiales y el 160º regimiento de operaciones
aéreas especiales realizaron
un intercambio de instrucción en acciones conjuntas combinadas (JCET,
por sus siglas en inglés) con fuerzas de Trinidad y Tobago, al mismo
tiempo que el 353º grupo de operaciones especiales se reunía con
miembros de la real fuerza aérea de Thailandia para
realizar los ejercicios Teak Torch en Udon Thani, Thailandia. En
febrero y marzo, en el marco de las JCET, los Boinas Rojas del 20º grupo
de fuerzas especiales se adiestró con tropas de elite de la república
Dominicana.
En
marzo, miembros del comando de operaciones especiales de la armada y la
unidad especial 1 de guerra naval se embarcaron en el crucero
portamisiles USS Cowpens para
participar en maniobras en el marco del programa Multi-Sail 2014, unos
ejercicios anuales diseñados para defender la “seguridad y estabilidad
en la región India-Asia-Pacífico”. También en marzo, soldados,
marineros, infantes de marina y aviadores de elite
participaron en un ejercicio de adiestramiento (cuyo nombre clave era
Fused Response) con integrantes de las fuerzas armadas de Belice.
“Ejercicios como este crean entendimiento y vínculos entre las fuerzas
de EEUU y de Belice”, dijo el teniente general de
la fuerza aérea Herbert Toro, perteneciente al comando sur de
operaciones especiales.
En
abril, soldados del 7º grupo de fuerzas especiales se unieron a fuerzas
aerotransportadas de Honduras para adiestrase en salto con paracaídas,
lanzándose sobre la base
aérea de Soto Cano de ese país. Soldados de la misma unidad, junto con
la fuerza de tareas de Afganistán, realizaron también operaciones
encubiertas en el sur del país en la primavera de 2014. En junio,
miembros de grupo 19º de fuerzas especiales efectuaron
unas JCET en Albania, al mismo tiempo que hombres de la fuerza Delta
participaban en la misión de rescate de sargento Bowe Bergdahl en
Afganistan, También en junio, comandos de la fuerza Delta ayudaron en el
secuestro de Ahmed Abu Khattala, sospechoso de ser
el responsable de los ataques terroristas de 2012 en Benghazi, Libia,
que mataron a cuatro estadounidenses, mientras los Boinas Rojas se
trasladaban a Iraq para asesorar en la lucha contra el Estado Islámico.
En
junio y julio, 26 miembros del escuadrón 522º de operaciones especiales
llevaron a cabo una misión de 45.000 kilómetros que los llevó a Sri
Lanka, Tanzania y Japón,
entre otras naciones, para proteger “tres aviones monomotor [del
comando de operaciones especiales de la fuerza aérea] destinados al área
de responsabilidad del Pacífico”. En julio, fuerzas de operaciones
especiales de EEUU viajaron a Tolemaida, Colombia,
para competir contra otras tropas de elite llegadas de 16 países –en
actividades como tiro de precisión en distancias largas (especialidad de
los francotiradores), tiro al blanco, carreras con obstáculos– en la
competencia anual llamada Fuerzas Comando.
En
agosto, soldados del grupo 20º de las fuerzas especiales realizaron una
JCET con unidades de elite de Surinam. “Juntos, hemos progresado mucho
en un mes. Si hemos de
operar juntos alguna vez en el futuro, ya sabemos que tenemos
compañeros y amigos en los que podemos confiar”, dijo un suboficial de
esa unidad. En Iráq, en ese mismo mes, los Boinas Rojas cumplieron una
misión de reconocimiento en el monte Sinjar como parte
de las tareas de protección de la etnia yazadí asediada por militantes
del Estado Islámico,
mientras comandos de la fuerza
Delta incursionaban en una refinería de petróleo en el norte de Siria en
una tentativa de salvar al periodista estadounidense James Foley y
otros rehenes en manos del mismo grupo. Esta misión fue un desastre, y
Foley fue brutalmente
asesinado poco tiempo después.
En
septiembre, unos 1.200 integrantes de la fuerza de operaciones
especiales de EEUU y personal de apoyo se unieron con tropas de elite de
Holanda, República Checa, Finlandia,
Gran Bretaña, Lituania, Noruega, Polonia, Suecia y Eslovenia para
participar en Jackal Stone, un ejercicio de adiestramiento centrado en
todo lo que tiene que ver con el combate en espacios cerrados, tácticas
de francotirador, operaciones con pequeñas embarcaciones
y rescate de rehenes. En septiembre y octubre, soldados del tercer
batallón del 75º regimiento de Rangers estuvieron en Corea del Sur para
practicar en tácticas con pequeñas unidades como neutralización de
trincheras y destrucción de búnkeres. Durante octubre,
comandos de la Fuerza Aérea hicieron simulaciones de misiones de
rescate de rehenes en el campo de adiestramiento de Stanford cercano a
Thetford, Inglaterra. En el ínterin, en aguas internacionales frente a
Chipre, un grupo SEAL de la Armada confiscó un petrolero
que llevaba crudo a un puerto en poder de los rebeldes libios. En
noviembre, comandos estadounidenses llevaron a término una incursión en
Yemen que liberó a ocho rehenes extranjeros. El mes siguiente, una
unidad SEAL realizó una sangrienta misión que dejó
dos rehenes –uno de ellos Luke Somers– y ocho civiles muertos. Estas,
por supuesto, solo son algunas de las misiones que consiguieron
convertirse en noticia o, de algún modo u otro, ser registrados.
Quieren estar en todas partes
Para
los jefes de las operaciones clandestinas de Estados Unidos, el planeta
Tierra es tan inestable como interconectado. “Yo le garantizo que lo
que ocurre en Latinoamérica
afecta a lo que sucede en el oeste de África, lo que a su vez afecta a
lo que ocurre en el sur de Europa, lo que a su vez afecta lo que sucede
en el suroeste de Asia”, dijo el año pasado McRaven en Geoint, un
encuentro anual que reúne a ejecutivos de la industria
de la vigilancia y personal militar. ¿Qué proponen para solucionar esta
entrelazada inseguridad? Más misiones en más países –de hecho, en más
de las tres cuartas partes de de los países del mundo– durante el
ejercicio en el cargo de McRaven. Y el escenario
parece dispuesto para todavía más de lo mismo en los años por venir.
“Nosotros queremos estar en todas partes”, dijo Votel en Geoint. En
2015, las fuerzas a sus órdenes ya están transitando ese camino.
“Nuestro
país tiene grandes expectativas en relación con las fuerzas de
operaciones especiales”, les dijo el otoño pasado a operadores
especiales en Inglaterra. “Cuentan
con nosotros para hacer las tareas más duras en las condiciones más
difíciles.” Sin embargo, la naturaleza y la localización de esas “duras
tareas” siguen siendo desconocidas para los estadounidenses. Y,
aparentemente, Votel no está interesado sacarlas a la
luz. “Lo siento, pero no”, fue la respuesta de SOCOM al pedido de
TomDispatch de tener una entrevista con el jefe de operaciones
especiales sobre las misiones en curso y futuras. De hecho, el comando
se negó a que cualquier integrante de su personal estuviera
disponible para conversar acerca de qué está haciendo Estados Unidos
con los dólares del contribuyente y en su nombre. No es difícil adivinar
el porqué.
Votel
se sienta ahora sobre una de las leyendas más exitosas de la historia
militar estadounidense después del 11-S de 2001, una historia plena de
guerras no ganadas,
intervenciones fracasadas, rampante actividad criminal, repetidas
filtraciones sobre secretos embarazosos y todo tipo de impresionantes
escándalos. Mediante una
hábil combinación
de bravuconería y secretismo, filtraciones bien colocadas, acertada
promoción comercial y trabajo de relaciones públicas, el sagaz culto a
la mística del superhombre (junto a una buena dosis de retorcida
fragilidad) y un extremadamente popular alto perfil
y el asesinato de precisión, las fuerzas de operaciones especiales se
han convertido en el niño mimado de la cultura popular estadounidense;
al mismo tiempo, el comando ha sido un constante ganador en las duras
batallas por presupuesto libradas en Washington
a puñetazo limpio.
Esto
es especialmente impactante cuando se contrasta con lo en ocurre
realmente en el terreno: en África, el haber armado, adiestrado y
equipado a quienes realizan luego
un golpe de estado; en Iraq, las fuerzas especiales más escogidas
implicadas en la tortura, la destrucción de viviendas y el asesinato de
inocentes que estaban heridos; en Afganistán, la historia es similar,
con frecuentes informaciones de civiles asesinados;
entretanto, en Yemen, Pakistán y Somalia, ha habido más de lo mismo. Y
esto es solo lo más superficial de los errores de las fuerzas de
operaciones especiales.
En
2001, antes de que las operaciones “negras” de Estados Unidos empezaran
su vasta guerra clandestina contra el terror, la plantilla del comando
de operaciones especiales
tenía unos 33.000 integrantes, de los cuales unos 1.800 eran la elite
de la elite, es decir, el
comando conjunto de operaciones especiales (JSOC). En ese momento,
también había
23 grupos terroristas –desde Hamas al IRA irlandés– reconocidos por el
Departamento de Estado; entre ellos, al-Qaeda, cuya membresía se
estimaba en un número de ente 200 y 1.000 militantes. Este grupo estaba
principalmente establecido en Afganistán y Pakistán;
a pesar de ello, pequeñas células suyas habían actuado en unos cuantos
países, incluyendo Alemania y Estados Unidos.
Después
de más de una década de enfrentamientos secretos, vigilancia
generalizada, incontables asaltos nocturnos, detenciones y asesinatos,
por no mencionar los miles
y miles de millones de dólares gastados, los resultados hablan por
ellos mismos. SOCOM ha más que duplicado su tamaño y el secretísimo JSOC
puede haber alcanzado el tamaño que SOCOM tenía en 2001. Desde
septiembre de ese año, han surgido 36 nuevas organizaciones
terroristas, entre ellas una multiplicidad de franquicias,
desprendimientos y aliados de al-Qaeda. Hoy día, estos grupos continúan
operando en Afganistán y Pakistán –en este último país, hay 11 grupos
reconocidamente afiliados de al-Qaeda y cinco en el primero
de ellos–, pero también en Mali y Túnez, en Libia y Marruecos, en
Nigeria y Somalia, en Líbano y Yemen, entre otros países. Una filial de
al-Qaeda nació de la invasión estadounidense de Iraq y se crió en un
campo de concentración de EEUU; hoy, con el nombre
de Estado Islámico, controla una amplia porción de ese país y de la
vecina Siria, un protocalifato en el corazón de Oriente Medio que en
2001 no era más que una ensoñación yihadista. Esta organización, solo
ella, tiene un efectivo estimado de unos 30.000 hombres
y se las ha arreglado para apoderarse de un importante territorio que
incluye la segunda ciudad de Iraq (Mosul), a pesar de que en su infancia
fue implacablemente atacado por los JSOC.
“Necesitamos
seguir armonizando el despliegue de fuerzas de operaciones especiales
en todo el orbe”, dice Votel. “Todos nosotros debemos estar
sincronizados, coordinados
y preparados en todos los aspectos del comando.” Dejados fuera de esa
sincronización, los estadounidenses han sido mantenidos sistemáticamente
en la oscuridad acerca de los encargados de las operaciones especiales
de EEUU y no saben qué están haciendo ni dónde
lo están haciendo, menos aún los accidentados resultados y las
repercusiones de lo que han hecho. Pero si la historia sirve para algo,
la oscuridad que envuelve a las operaciones especiales ayuda a
garantizar que esta siga siendo la “edad dorada” del Comando
de Operaciones Especiales.
Nick
Turse es editor ejecutivo de TomDispatch.com e integrante del Nation
Institute. En 2014, ganó el premio Izzy. Ha informado regularmente desde
Oriente Medio, el
sureste de Asia y África; sus notas han sido publicadas por New York
Times, Los Angeles Times, Nation y TomDispatch.
Su éxito de ventas Kill Anything That Moves: The Real American War in Vietnam mereció el premio American Book de 2014.